
Andando desde el alma hacia lo desconocido, hacia los supuestos de la imaginación de ciudades, gentes, soles inciertos… por ser lejanos;
tras noches de ansiedades construyendo mañanas que no sé si llegaran, me abismo en mi viaje hacia el sur, con mas miedo que ambición, con dificultad para respirar cuando me pienso sin certezas, con ideas sordas del horizonte al que voy…
Ya falta poco, todo parece estar listo, el equipaje armado desde hace ya varios días por temor a olvidar mis amuletos en algunos de los baúles de infancia que me daban seguridad en mis primeras noches oscuras apartada del nido; papeles marcados, copiados, apostillados y esculcados hasta en su ortografía, ropas empacadas rigurosamente en rollitos para que quepan canciones, escritos, golosinas, café y unos chicles para el viaje; las llamadas debidas a las citas canceladas para no olvidarme de que no me olviden. Bueno parece que ahora si esta todo listo, bueno no sé si yo ya lo estoy.
Seis más el conductor en un taxi y por su puesto sobre la hora para no romper con mi costumbre, despedidas de última hora por celular -parecen confesiones preparadas para la primera comunión- y por fin la llegada a la morada de los próximos aviones en partir. Puertas, entradas, sellos, pasajes, revisiones, de nuevo esculcada, miradas que van y que vienen, y ahora la corta pero ansiosa espera la del adiós, hasta pronto, que Dios la bendiga, juiciosa y suerte, humedad, de lágrimas abiertas y las mías escondidas, sollozos y abrazos que no se quieren ir y de nuevo la ansiedad.
Un camino solitario hacia la puerta - no sé si es de entrada o de salida- voces que llaman hacia la sala, silencios, rostros que esperan y el mío aún un poco absorto; casi voluntariamente me dirijo por el pasillo hacia la panza que me tragará y llevará por el cielo a casi tocar las nubes, acercarme a la luna y mirar desde arriba este pequeño lugar del cual ahora me alejó con una lágrima como nostalgia y una sonrisa como esperanza…
Sin conciliar el sueño contemplo por la ventanilla la dulce compañía de la luna, en espera del descenso sobre una ciudad iluminada aún por las bombillas encendidas en la oscuridad, cinturón de seguridad, y salida de la panza conducidos por pasajes hacia la recepción de equipajes, ufff ya estoy aquí aún no parece cierto…
tras noches de ansiedades construyendo mañanas que no sé si llegaran, me abismo en mi viaje hacia el sur, con mas miedo que ambición, con dificultad para respirar cuando me pienso sin certezas, con ideas sordas del horizonte al que voy…
Ya falta poco, todo parece estar listo, el equipaje armado desde hace ya varios días por temor a olvidar mis amuletos en algunos de los baúles de infancia que me daban seguridad en mis primeras noches oscuras apartada del nido; papeles marcados, copiados, apostillados y esculcados hasta en su ortografía, ropas empacadas rigurosamente en rollitos para que quepan canciones, escritos, golosinas, café y unos chicles para el viaje; las llamadas debidas a las citas canceladas para no olvidarme de que no me olviden. Bueno parece que ahora si esta todo listo, bueno no sé si yo ya lo estoy.
Seis más el conductor en un taxi y por su puesto sobre la hora para no romper con mi costumbre, despedidas de última hora por celular -parecen confesiones preparadas para la primera comunión- y por fin la llegada a la morada de los próximos aviones en partir. Puertas, entradas, sellos, pasajes, revisiones, de nuevo esculcada, miradas que van y que vienen, y ahora la corta pero ansiosa espera la del adiós, hasta pronto, que Dios la bendiga, juiciosa y suerte, humedad, de lágrimas abiertas y las mías escondidas, sollozos y abrazos que no se quieren ir y de nuevo la ansiedad.
Un camino solitario hacia la puerta - no sé si es de entrada o de salida- voces que llaman hacia la sala, silencios, rostros que esperan y el mío aún un poco absorto; casi voluntariamente me dirijo por el pasillo hacia la panza que me tragará y llevará por el cielo a casi tocar las nubes, acercarme a la luna y mirar desde arriba este pequeño lugar del cual ahora me alejó con una lágrima como nostalgia y una sonrisa como esperanza…
Sin conciliar el sueño contemplo por la ventanilla la dulce compañía de la luna, en espera del descenso sobre una ciudad iluminada aún por las bombillas encendidas en la oscuridad, cinturón de seguridad, y salida de la panza conducidos por pasajes hacia la recepción de equipajes, ufff ya estoy aquí aún no parece cierto…
